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El error de creerlo sin tenerlo

En alguna etapa de su Vida, un Marino navegaba en el enorme Océano de Mujeres. Llevaba ya largo tiempo de travesías, y descansos.

Un día, de entre los muchos de su largo viaje, le afirmó a sus amigos tripulantes, que su búsqueda había concluido, entre esas grandisimas y hermosas aguas, encontró una hermosa mujer. Se sintió muy alegre y regocijado, en su mente se dijo: he aquí, mi recompensa, mi tesoro.

Esto fue el principio del fin, ya que cometió el primer error de muchos mas, creyó que esa mujer era la idónea, sin no antes examinar la situación, o cuestionárselo a ella misma.

La ascendió en su barco de ilusiones, y zarpó a una travesía del amor, pero sin darse cuenta, que iba con una mujer sin el deseo de acompañarlo.

Se estaba hundiendo, en aguas que para él, eran cristalinas, puras, pero en realidad, lo turbio de esa relación, era muy predominante.

Por la ingenuidad de ese hombre, de ese marino, no se daba cuenta de muchas cosas. La mujer se lo demostraba, no eran tal para cual, el no lo asimilaba así, tenia la idea firme que esas demostraciones eran para ratificarle su amor mutuo, estaba completamente equivocado.

El acabose llegó, la herida en su amor se dio, una de esas muestras de desprecio fue el puñal que se hundió, al igual que su barco de sueños y aventuras, la mujer, que con tanto sacrificio había encontrado, hizo que su ilusión muriera, le hizo entender, que no eran compatibles entre sí, directa o indirectamente, pero el lo comprendió. Frente a el mismo, lo humilló cruelmente.

Desde un principio, no evito una gigantesca decepción, ¿cómo?, reflexionando, observando los pros y contras que tendrá una relación que irá directo a un destino inevitable, un naufragio seguro.

Había cometido el tremendo error de creer poseer el amor, pero en realidad no tenerlo. Colaboración de Jorge Luis Reséndiz Sánchez.

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