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¿impaciente yo?

A pesar de que la vida se empeña en enseñarnos a ser pacientes, aún habemos algunos que no aprendemos esta sabia lección. Siempre he pensado que esa virtud lleva este nombre Paz-ciencia porque en realidad se trata de la ciencia de la Paz. O sea que en la medida que apliquemos esta ciencia, podemos aspirar a la Paz interior, tan ausente en nuestros ajetreados días.

El impaciente se frustra por querer que sus problemas se resuelvan hoy, por eso no logra mantener la paz cuando las circunstancias le son adversas, sin entender que la fórmula de la solución de muchos asuntos requiere de un ingrediente que se llama tiempo.

En teoría, al madurar, los hombres y mujeres deberíamos manejar nuestra vida con más tranquilidad, ya que habremos adquirido más experiencia en el manejo del tiempo y aprendido a no jugar carreras con él.

La desesperación viene de no aceptar el proceso de maduración con que el tiempo moldea algunos asuntos y sus soluciones, de ahí la importancia de aprender a utilizar al tiempo como nuestro aliado y a caminar a su ritmo sin pretender luchar contra él.

Sin embargo, nuestros nervios parecen no ser siempre tan pacientes como quisiéramos e ingenuamente pretenden arrancar al tiempo velocidades de respuesta que parecen violentar el curso natural de los acontecimientos, lo cual conduce siempre a la frustración o mejor dicho, a la desesperación.

Andar por la vida de prisa es el motivo de perder la paciencia por lo que debemos aprender a manejar mejor nuestros tiempos y no meter demasiadas actividades en nuestro día, ya que así, a pesar de ir a un ritmo frenético de un lugar a otro y de un asunto a otro, podemos salvar a nuestro interior de la crispación externa que nos envuelve y abruma.

El desarrollar la virtud de la paciencia nos permitirá ser lo suficientemente sabios para no jugar carreras con el tiempo y aprender a vivir a su ritmo.

Recuerde, por más buenas que sean las uvas y las barricas, el buen vino se añeja solo con tiempo.

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