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Reflexion 8

La abuela de Giovanna Gassion era prostituta. Regenteaba en París un lupanar.

Giovanna, pequeñita, vivía con su abuela en el burdel. Cierto día la niña enfermó gravemente de los ojos, tanto que acabó por quedar ciega. Llorosas, afligidas, las prostitutas se postraron de rodillas en torno del lecho de la niña y le prometieron a Santa Teresita que irían en procesión a su santuario si la niña sanaba y volvía a ver.

Un mes después, contra la opinión de todos los doctores, la pequeña recobró la vista. Jubilosas, las muchachas le acercaron un papel con letras y la niña lo leyó. Era una canción.

Otras canciones a lo largo de su vida encontraría Giovanna Gassion, a quien ahora conocemos con el nombre que la inmortalizó: Edith Piaf. Cuando escucho en mis viejos discos sus canciones pienso que la oración es siempre buena, aunque no seamos tan buenos los que la decimos. Colaboración de Mario Pablo Vásquez de México, D.F.

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