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Una muñeca al cielo. 2

Deprisa, entré en la tienda a comprar unos regalos de Navidad a última hora.

Miré a mi alrededor a toda la gente que allí estaba y me molesté un poco al ver lo llena que estaba la tienda y por haber dejado esas cosas para muy tarde... "Estaré aquí una eternidad... con tanto que tengo que hacer" pensé.

La Navidad se había convertido ya casi en una molestia y en mi mente estaba deseando dormirme por todo el tiempo que durara la Navidad.

Pero me apresuré lo más que pude, por entre la gente en la tienda. Entré en el departamento de juguetes. Otra vez me encontré murmurando para mi misma, sobre los precios de aquellos juguetes, que por su costo, más bien parecían ser obras de arte. Me pregunté si mis nietos realmente jugarían con ellos.

De pronto, me encontré en la sección de muñecas. En una esquina me encontré a un niñito, como de unos 5 años, sosteniendo en sus manos una preciosa muñeca. Estaba acariciándole el cabello y la sostenía muy tiernamente. No me pude aguantar y me quedé mirándolo fijamente y preguntándome para quién sería la muñeca que sostenía con tanto amor...

De pronto se le acercó una mujer a la que llamó tía. El niño le preguntó:

"¿Estás segura que no tengo dinero suficiente?"

Y la mujer le contestó, con un tono impaciente:

"Tú sabes que no tienes suficiente dinero para comprarla".

La mujer le dijo al niño que se quedara allí donde estaba mientras ella buscaba otras cosas que le faltaban. El niño continuó sosteniendo y acariciando la muñeca. Luego de unos segundos, me acerqué y le pregunté al niño para quién era la muñeca.

Él me contestó: "Esta muñeca es la que mi hermanita deseaba con tanto anhelo para Navidad. Ella estaba segura que Santa Claus se la iba a traer".

Yo le dije que lo más seguro era que Santa Claus se la traería. Pero él me contestó:

- No, Santa no puede ir a donde mi hermanita está. Yo le tengo que dar la muñeca a mi Mamá para que ella se la lleve a mi hermanita.

Yo le pregunté dónde estaba su hermana. El niño, con una cara muy triste me contestó:

- Ella se ha ido con Jesús... Mi Papá dice que Mamá se va a ir con ella también...

Mi corazón casi deja de latir. Volví a mirar al niño una y otra vez. Él continuó:

- Le dije a Papá que le dijera a Mamá que no se fuera todavía... le dije que le pidiera a ella que esperara un poco hasta que yo regresara de la tienda.

El niño me preguntó si quería ver su foto y le dije que me encantaría.

Entonces, él sacó unas fotografías que tenía en su bolsillo y que había tomado al frente de la tienda y me dijo:

- Le dije a Papá que le llevara estas fotos a mi Mamá antes de irse con mi hermanita, para que ella nunca se olvide de mí... Quiero mucho a mi Mamá y no quisiera que ella se fuera. Pero Papá dice que ella se tiene que ir con mi hermanita.

Me di cuenta que el niño había bajado la cabeza y se había quedado muy callado. Mientras él no miraba, metí la mano en mi cartera y saqué unos billetes. Entonces le dije que contáramos el dinero otra vez... El niño se entusiasmó mucho y comentó:

- Yo sé que es suficiente.

Y comenzó a contar el dinero otra vez. Ahora, el dinero era suficiente para pagar la muñeca. El niño, con una voz muy suave, comentó:

- Gracias Jesús por darme suficiente dinero.

El niño entonces me dijo:

- Yo le acabo de pedir a Jesús que me diera suficiente dinero para comprar esta muñeca, para que mi Mamá se la pueda llevar a mi hermanita y Él oyó mi oración... Yo también le quería pedir dinero suficiente para comprarle a mi Mamá una rosa blanca, pero no lo hice. Pero él me acaba de dar suficiente para comprar la muñeca y la rosa blanca para mi Mamá. A ella le gustan mucho las rosas.

Pasados unos pocos minutos, la tía regresó y yo desapercibidamente me fui...

Mientras terminaba mis compras, con un espíritu muy diferente al que tenía al comenzarlas, no podía dejar de pensar en el niño... seguí pensando y recordé una historia que había leído en el periódico unos días antes, acerca de un accidente causado por un conductor ebrio, en el cual había fallecido una niñita y su Mamá estaba en estado de gravedad, mientras que la familia estaba deliberando si mantener o no a la mujer con vida artificial y máquinas... Me di cuenta de inmediato que este niño pertenecía a esa

familia.

Dos días más tarde leí en el periódico que la mujer del accidente había sido removida de las máquinas que la mantenían viva y había muerto... No me podía quitar de la mente al niño. Por eso, más tarde ese mismo día, fui y compré un ramo de rosas blancas y las llevé a la funeraria donde estaba el cuerpo de la mujer. Y allí estaba la mujer del periódico, con una rosa blanca en su mano, la hermosa muñeca y la foto del niño de la tienda...

Me fui llorando inconsolablemente... Mi vida había cambiado para siempre...

El amor de aquel niño por su madre y su hermanita era inmenso y pensé cómo es que en un segundo un conductor ebrio le había destrozado en pedazos la vida a aquella familia y el alma a aquel niñito que quería enviar...

"LOS AMIGOS SON ANGELES QUE NOS AYUDAN A PONERNOS DE PIE, CUANDO NUESTRAS

ALAS HAN OLVIDADO COMO VOLAR...".

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