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Así existen profundas diferencias individuales que hacen la más poderosa complementariedad. Tal parece que se tuvieran que encontrar, para juntos realizar ese plan que se advierte en toda la naturaleza.
CARISMA DE LÍDER
Ella lo tiene, en ella se reúnen el líder natural, el situacional y el cognoscitivo. La mujer es contemplada por los suyos como el pilar de su hogar, de su familia, a la que hay que seguir porque es la mejor la que seduce con su sonrisa y cautiva con su ternura, la que es capaz de inundar la casa con su alegría y que con su entusiasmo motiva para lograr grandes cosas. Es ella la que con su fe enseña cómo se logra lo imposible y es una soñadora incorregible, animando a los suyos constantemente para que hagan realidad esos sueños.
La mujer educa, y al hacerlo conduce a los suyos a su plenitud; educa, que también es alimentar el cuerpo y el espíritu, es nutrir y es cultivar. Es sembrar para que algún día esas semillas que ella ha preparado como verdad y bien, germinen y hagan posible esos seres de gran talla. Así, la mujer también posee visión estratégica del futuro. Al conocer a los suyos, es capaz de guiarlos a cada uno hacia su felicidad. Pero, ella, como líder situacional, como madre y esposa, sabe que una de sus principales cualidades son sus valores de actitud, los más sublimes, según Viktor Frankl.
Valores que consisten en esa capacidad última de ejercer la libertad. Ella sabe que lo que conviene es actuar de acuerdo a su rango, el más alto, y así enseñar con la vivencia la forma de enfrentar problemas y superar crisis. La frente en alto, coronada por la nobleza de ser mujer, sabedora de su magnífico papel: la primera trasmisora de valores. De ahí la frase con que empezamos: Si quieres corromper una sociedad, un pueblo, corrompe a sus mujeres. De ahí también el empeño de muchos en prostituir, de cosificar y contaminar la mente y el corazón femeninos. El rescate se logra mediante la conciencia de saber que una mujer es la hacedora, la formadora de las nuevas generaciones. En ella está la responsabilidad de la conducta, las pasiones, bien o mal dirigidas, de los acuerdos, de la paz y de la continuidad de una cultura, unas raíces y unas tradiciones.
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Y para que no haya protestas, deberé también referirme a la mujer como líder social, en la empresa y en la política. A sus dotes naturales como líder, sabedora de que puede mover y hacer con la mediación de otros, que puede aglutinar a grupos diversos, deberemos añadir sus conocimientos como profesional en las diferentes disciplinas, técnicas y oficios. Ahí, en esos ámbitos, ella puede desplegar todas sus habilidades como hacedora, constructora; tiene la mente alerta al cambio y el privilegio de su intuición le hace percibir lo mejor para los suyos.
Hemos visto a través de la historia, imponentes ejemplos de lo que puede ser una reina, una madre gobierno, una santa, una sabia. Bástenos recordar a una de las hacedoras del estado de Israel, Golda Meir, de la que decía Ben Gurión: "es el mejor hombre de mi gabinete", queriendo elogiarla, sin saber que ella ya estaba consagrada por ser la madre del pueblo de su amado Estado.
Sutileza y finura en el trato terminan por configurar el perfil de la mujer como líder. Ella sabe que su Excelencia se manifiesta más que nunca en su enorme capacidad de amar y perdonar. Dulcemente podrá influir en los demás para lograr las grandes cosas. Coincido en pensar junto con Luis Jorge González (el mejor exponente de Programación Neurolinguilistica), en que este milenio será la del liderazgo de las mujeres. Ojalá que sea con toda conciencia de su principal papel como esposa y madre y después (todo a su tiempo), como profesional, líder social, político, empresarial, etcétera.
Hoy que no se le cierran las puertas de ningún ámbito, hoy más que nunca, deberá la mujer percatarse de que su principal empresa es la de formadora de hombres y mujeres de Excelencia que den gloria a nuestras naciones y gloria a Dios.
Colaboración de Naylé de Alicante España.
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