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Conocía la reputación del samurai y fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama.
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.
Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzó a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos ofendiendo incluso a sus ancestros.
Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
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- Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan...
- ¿A quién pertenece el obsequio? -preguntó el samurai.
- A quien intentó entregarlo -respondió uno de los alumnos.
Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro
Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.
"Procura que el deseo de vivir sea más fuerte que el deseo de recordar" Colaboración de SAVAGE de Argentina.
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