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Este hombre y esta mujer son hermanos. El Día de Muertos acudieron los dos a visitar en el panteón la tumba de sus padres. Fueron solos, sin otro acompañamiento que el de su soledad. Su soledad y su arrepentimiento. Porque sucede que en vida los visitaban rara vez.
Vivían ocupados en sus cosas -en sus casas-, y a veces pasaban semanas, meses, y ni siquiera tenían una llamada telefónica para los viejos.
Ahora les llevan flores al cementerio. Y está bien.
Pero no es lo mismo visitar un recuerdo que visitar un remordimiento.
Lloran por ellos. Y está bien. Pero pudieron haber llorado con ellos.
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Los visitan ahora que están muertos. Y está bien. Pero también habría sido bueno que los hubiesen visitado estando vivos.
Colaboración de Jorge López de México, D.F.
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